miércoles, 29 de diciembre de 2010

2011 BURBUJAS DE LUNA

Fotografía: www.flickr.com

El 31 de diciembre El Espejo de la Luna brindará por cada uno de esos reflejos de Luna, que con sus haces de luz irisados han ido iluminando, con diferentes y enriquecedoras tonalidades, este rincón y que, lo han colmado siempre de un respeto y enorme cariño que hoy, este Espejo, devuelve agradecido y embriagado de tanto afecto.


Brindo con burbujas de Luna por cada uno de todos vosotros, por toda la inmensa felicidad que os deseo para este año 2011, y por todos esos sueños que comienzan a volar como esas burbujas hacia esos fuegos artificiales que vestirán de gala a la Luna, que brindará por cada uno de vosotros con una copa de sueños en la mano, con toda la amistad y cariño que os merecéis.

Lo mejor está por llegar...


¡FELIZ AÑO NUEVO!





viernes, 24 de diciembre de 2010

PIRÁMIDE INVERTIDA




A Nefertiti

Cuando ya no quedan lágrimas para llorar
los ojos se vuelven deudores del corazón.

Por los surcos de sal en las mejillas
navega el día de veinticinco horas,
por cada “te quiero”, una lágrima,
por cada lágrima, una isla.

Cuando el amor se olvida
¿sabes tú adónde va?

lunes, 20 de diciembre de 2010

FELICES FIESTAS

Mis mejores y más sinceros deseos de felicidad para todos vosotros,
que sois tan especiales como estas fiestas que nos esperan.

Diciembre se envuelve con su rojo abrigo de botones dorados, guardado entre la naftalina con olor a lavanda de la primavera, la sal del mar de verano, y las hojas ocres del otoño. Lazos plateados lucen en sus solapas de gala, mientras el olor a cera de velas quemadas se confunde con la niebla gris que lame los tejados de la ciudad. El frío derrite las joyas heladas con las que se engalana el tiempo.

Diciembre ve caer la nieve a través de la ventana empañada de recuerdos, y dormita al ver a unos niños amasar sueños moldeando muñecos de nariz puntiaguda y cuerpo triforme que, parecen sonreír ante las cosquillas de las manos que los forjan. Los juegos de la infancia siempre son del color de las cerezas. Se acerca a la chimenea donde arden los cuentos por contar y espera a Enero con quien compartirá la última cena de ilusiones del año.

Los villancicos entran por la ventana oliendo a castañas asadas. Las parpadeantes sonrisas de colores iluminan el árbol de navidad. Junto al fuego, Diciembre acaricia su larga barba blanca hecha de jirones de nubes pretéritas. Y oye la sonrisa traviesa de un niño: Enero entra, optimista y festivo, por la puerta de la esperanza, cargando un saco rojo a sus espaldas lleno de anhelos de almendras, ilusiones confitadas, propósitos de mazapán. Su sed de sueños se sacia en las burbujas del cava que solo saben volar hacia un cielo dorado al que pretenden acariciar.

Diciembre y Enero brindan y sueñan, se abrazan durante los pasos lentos de las doce campanadas. Sus besos son los fuegos artificiales que estallan en la noche más joven del año. Enero sale fuera a bailar con el viento y a embriagarse de estrellas que florecen entre la nieve; cuando regresó de madrugada, encontró los botones dorados de Diciembre confundidos entre las agonizantes brasas de la chimenea. Observó un largo camino blanco que apuntaba a un lejano horizonte en el que la lluvia de las horas se confundía con el mar.

martes, 14 de diciembre de 2010

Gabriela Mistral. Besos

Si alguien osara desconocer el diccionario de los besos, Gabriela Mistral (Vicuña,Chile, 1889Nueva York, 1957,primera mujer americana en ganar el Premio Nobel de Literatura en 1945) nos recuerda su significado y sus diferentes acepciones. Elijan la más conveniente al caso…y, en todo caso,…les dejo mis besos.
BESOS

Hay besos que pronuncian por sí solos
la sentencia de amor condenatoria,
hay besos que se dan con la mirada
hay besos que se dan con la memoria.

Hay besos silenciosos, besos nobles
hay besos enigmáticos, sinceros,
hay besos que se dan solo las almas,
hay besos por prohibidos, verdaderos.

Hay besos que calcinan y que hieren,
hay besos que arrebatan los sentidos,
hay besos misteriosos que han dejado
mil sueños errantes y perdidos.

Hay besos problemáticos que encierran
una clave que nadie ha descifrado,
hay besos que engendran la tragedia
cuantas rosas en broche han deshojado.

Hay besos perfumados, besos tibios,
que palpitan en íntimos anhelos,
hay besos que en los labios dejan huellas
como un campo de sol entre dos hielos.

Hay besos que parecen azucenas
por sublimes, ingenuos y por puros,
hay besos traicioneros y cobardes,
hay besos maldecidos y perjuros.

Judas besa a Jesús y deja impresa
en su rostro de Dios, la felonía,
mientras la Magdalena con sus besos
fortifica piadosa su agonía.

Desde entonces en los besos palpita
el amor, la traición y los dolores,
en las bodas humanas se parecen
a la brisa que juega con las flores.

Hay besos que producen desvaríos
de amorosa pasión ardiente y loca,
tú los conoces bien, son besos míos
inventados por mí, para tu boca.

Besos de llama que en rastro impreso
llevan los surcos de un amor vedado,
besos de tempestad, salvajes besos
que solo nuestros labios han probado.

¿Te acuerdas del primero…? Indefinible;
cubrió tu faz de cárdenos sonrojos
y en los espasmos de emoción terrible,
llenaron sé de lágrimas tus ojos.

¿Te acuerdas que una tarde en loco exceso
te vi celoso imaginando agravios,
te suspendí en mis brazos…vibró un beso,
y qué viste después…? Sangre en mis labios.

Yo te enseñé a besar: los besos fríos
son de impasible corazón de roca,
yo te enseñé a besar con besos míos
inventados por mí, para tu boca.


domingo, 5 de diciembre de 2010

Amor prohibido. Gabinete Caligari



Gabinete Caligari fue un grupo de rock español, integrado dentro de la conocida corriente Movida madrileña de los años 80. Se forma en 1981 con Jaime de Urrutia (voz y guitarra, y, curiosamente, estudiante de filología semítica). En su época afterpunk su imagen y actitud tenía un marcado carácter provocativo. Posteriormente fue evolucionando hasta un pop influenciado por sonidos castizos y Rock Torero. En 1999 se disuelve oficialmente el grupo, quizás, por un lado, pagando la factura de su primera etapa un tanto oscura, y por otro, la injusta incomprensión que recibieron de los medios de comunicación en sus últimos años como grupo.

Este tema, Amor prohibido, pertenece a su álbum Privado (1989). Aparte de la belleza de la canción, está la de su letra, una reivindicación a la libertad de amar, un pulso por aquel amor que la sociedad, valores, prejuicios, intereses, circunstancias, cultura o personas, se obstinan en calificar con un adjetivo empapado de intolerancia: prohibido. ¿Se puede prohibir realmente el amor? Quizás solo cuando somos juez y parte del asunto...

Espero que disfruten letra, música y vídeo (la calidad de este último no es buena pero no hay nada más decente de este tema por la red).

Si la ley está para igualar
a los hombres en su dignidad,
dime, en el gobierno del amor
¿por qué reina tanto dictador?
Contra el defecto de pedir
la virtud existe de no dar,
para el vicio eterno de prohibir
hay la obligación de tolerar.
Me prohibieron tu amor
me robaron la ilusión
y digo yo por qué será
que lo más querido
suele estar prohibido
sin derecho a reclamar, jamás.
Te prohibieron verme más:
tu mayor necesidad;
y digo yo por qué será
que lo más querido
suele ser prohibido
sin derecho a reclamar.
Si algún día fuera juez
decretaría una ley:
el amor prohibido
ha de ser perseguido sin piedad,
el amor prohibido
ha de ser castigado sin piedad,
el amor prohibido
debe ser prohibido
sin derecho a reclamar.

domingo, 28 de noviembre de 2010

LIENZOS AL ATARDECER

Fotografía: Marisa Vegas


Dibujo las líneas de tu nombre en mis ojos mientras espero que la fría tarde que se va, me traiga la paleta de pintora para colorearlas con trazos infantiles.

Los viejos pinceles yacen preparados, depositados en el aguarrás que ha conseguido desprender todo indicio de tonalidades pasadas que se han depositado en el aguafuerte del olvido; su penetrante olor me recuerda el vuelo azul de las golondrinas que nunca regresarán.

Ahora el crepúsculo me coloca en el caballete del atardecer, un gélido lienzo en blanco en el que adivino sombras rojas de perfume de sol poseyendo el azul de un cielo que huye por el pasadizo de la noche. Y en la fuga, exploro huellas violáceas de la fusión de esa pasión carmesí y ese sueño añil. Deseos malvas compartidos en la antesala de la oscuridad.

No estás donde te anhelo sino en donde te amo. Allí donde el tiempo pinta jardines en las esferas del reloj, allí donde la distancia hace rozar tu esquina y mi rincón. Y mientras el tiempo y lugar se yuxtaponen en estampas modernistas, mi corazón va encalando de colores cálidos la antecámara de nuestra alcoba plateada. Acuarelas de tapices que nos miran.

La entrada sigilosa de la noche despliega su alfombra roja en el cielo y nuestros pasos trémulos la tiñen de flores besando el alba. Nuestro único reloj es la noche compartiendo todas las pinceladas de horas que le dan nombre. Fusión de arcos iris en busca del octavo color.

La fría luz del alba despertó iluminando un cuadro de dos manos enlazadas, de dos labios sellando los cromatismos de los sueños. Y un nuevo lienzo en blanco amaneció.


martes, 23 de noviembre de 2010

LA SOMBRA DE LA MUERTE


Fotografía: www.flickr.com
SONETO III

En la noche ajada de inquietas dudas
vio la Muerte su Sombra de existencia,
y mientras la observaba con prudencia
miserere fue de notas desnudas:

“Sombra oscura que yaces en la tierra
envuelta en la lluvia y sol de la vida
¿no eres tú ocaso entre barro abatida,
no soy yo quien a la vida se aferra?”

Respondióle en la oscuridad su Sombra,
suspiros de azabache en perlas blancas:
“¡Ay!, hollas la vida en mi eterna alfombra”.

Cruel Muerte inmortal que a la vida arrancas
latidos, aquello que no se nombra,
permite gozar a tus sombras francas

sábado, 20 de noviembre de 2010

PORNOGRAFÍA INFANTIL NO


Fotografía: http://www.flickr.com/

20-N: III CIBERCAMPAÑA CONTRA LA PORNOGRAFÍA INFANTIL

Hay ojos que lapidan la inocencia de cuerpos que sólo son bocetos aún por perfilar. Ojos que sesgan con navajas afiladas a flores que son delicados capullos esperando el despertar de la primavera.
Vanessa y John sólo quieren que su cuerpo juegue con el mar para después hacer castillos de arena perpetuos en el país de la infancia, paraíso de caminos abiertos solo al brillo de los ojos de la rayuela
.

Desde que el 20 de noviembre de 1959, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobara la Convención sobre los Derechos de los Niños, se ha institucionalizado el día 20 de noviembre como el Día Internacional de los Derechos del Niño.



sábado, 13 de noviembre de 2010

La sombra del viento. Carlos Ruiz Zafón


La expresión “cazurro limítrofe” la aprendí en este libro (La sombra del viento, 2001) entre sonrisas y con gran expectación ante lo que es obvio pero no se ve. Y es que incluso para llevar el apelativo de “malo” se requiere de cierto razonamiento e inteligencia. Si no se cumplen estas premisas, pasamos a ser aprendices de malos, o, lo que es lo mismo, tonto, o, en terminología de Ruiz Zafón, cazurro limítrofe que habla con prepotente sabiduría de lo que no sabe, y critica lo que desconoce aún más. Sinceramente, me quedo con los malos antes que con los imbéciles.


- Es que la gente es mala.

- Mala no -objetó Fermín-. Imbécil, que no es lo mismo. El mal presupone una determinación moral, intención y cierto pensamiento. El imbécil o cafre no se para a pensar ni a razonar. Actúa por instinto, como bestia de establo, convencido de que hace el bien, de que siempre tiene la razón y orgulloso de ir jodiendo, con perdón, a todo aquel que se le antoja diferente a él mismo, bien sea por color, por creencia, por idioma, por nacionalidad o, como en el caso de don Federico, por sus hábitos de ocio. Lo que hace falta en el mundo es más gente mala de verdad y menos cazurros limítrofes.

domingo, 7 de noviembre de 2010

LA VOZ DEL SILENCIO

Fotografía: Marisa Vegas

El silencio es la sombra alargada de las palabras huérfanas. Avanza de puntillas por detrás como depredador ávido de ecos. Y cuando te da alcance se funde con tu piel erizada en un abrazo que no mira a los ojos sino que se reclina sobre tu espalda. Sientes su peso mudo, y cargas con alfabetos callados que lamen tus hombros. Besos sigilosamente venenosos.

El silencio vive de día y respira de noche. Nace en las profundidades de océanos de lágrimas, muere en los cimientos de la Torre de Babel. Pare de sus entrañas fantasmas que son historias, historias que son miedos, miedos que aúllan en la garganta sanguinolenta del lobo. Su afonía dispara en la diana de la imaginación, abriendo la Caja de Pandora y desatando quiméricas tempestades amarradas a las palabras. La Nada del silencio engendra el Todo.

Los fantasmas del silencio son hijos con mordaza que se multiplican en partos sucesivos de horas. Bailan la danza macabra del desasosiego, de la desconfianza, del temor. Castran tus oídos, violan tu percepción. Son expertos pintores de mundos en gris a los que te llevan con su suspiro de alas. Te empujan hacia la cuerda del funámbulo poniendo a prueba el equilibrio de las arterias de tu corazón. Los fantasmas del silencio son espectros carceleros de la comunicación, inquisidores de tinta y voz, pesadillas de las ausencias.

El silencio de mirada felina acecha las gotas de los minutos que caen perezosamente. Teme sentir las garras de las palabras hechas voz, arañar su piel. Entorna sus ojos y dos líneas horizontales verdes brillan en la oscuridad cuando siente su voz confundirse con el eco de esas palabras que sólo son tuyas, que sólo son mías, que sólo son nuestras.

martes, 2 de noviembre de 2010

PINCELADAS DE OTOÑO

Fotografía: Picasaweb


Los pinceles del otoño cantaban al bajar el río. Carmín de hojas de labios desgranados soñando el beso de la tierra. Verde lentamente devorado por las fauces amarillas de alfombras silenciosas, muertas, ajadas por el cuchillo del estío. Cementerio de hojas ocres cantando al son del río.

Olor a tierra mojada son tus ojos, pardos en la madrugada de los árboles del otoño. Miradas cobrizas lamen la luz que huye entre el tiempo de las aguas del arroyo. Las últimas horas de octubre no existen en los campos azafranados, sólo danzas de manos entrelazadas rojizas, alimonadas, mientras la lluvia borra la sombra de dos cuerpos que viajan hacia ninguna parte, sólo al apeadero al que les conduzca su corazón.

Los ojos del otoño no miran, reflejan colores abigarrados de belleza efímera. Te lo susurro al oído y comenzamos a pintar ese cuadro de ocres con pinceladas tímidas. Y el río que baja comienza a entonar: Verde, que te quiero verde. Y cerramos los ojos para poder soñar el calor del otoño.

lunes, 25 de octubre de 2010

Jean Jacques Rouseau. Emilio.

Emilio o De la Educación, es un tratado filosófico sobre la naturaleza humana escrito por Rouseau en 1762. Actualmente se le considera el primer tratado sobre filosofía de la educación en el mundo occidental. Su finalidad era formar “buenos ciudadanos” aplicando las concepciones liberales de la época sobre educación (el hombre es bueno por naturaleza, la sociedad es la que le corrompe, nos decía)
Pretendía crear un sistema educativo que permitiera al hombre convivir con esa sociedad corrupta. Este libro se prohibió y se quemó en público en París y en Ginebra, pero rápidamente se convirtió en uno de los libros más leídos en Europa.


Volviendo a nuestro joven siglo XXI, me ha llamado la atención esta cita del libro, que a continuación transcribo. Ya en el siglo XVIII se planteaban una cuestión que hoy día nos inquieta a educadores, a padres y a la sociedad en general ¿Estamos educando correctamente a nuestros jóvenes, a nuestros alumnos y, en su caso, a los hijos? ¿tienen lo que necesitan o necesidades innecesarias? ¿no será que en muchos casos (no en todos) lo tienen todo y por eso no valoran nada? ¿qué tipo de futura sociedad estamos moldeando teniendo en cuenta los observables resultados que nos rodean cotidianamente? Como educadora, tengo especial interés en conocer sus valiosas opiniones…Escuchen al bueno de Rouseau…



Jean Jacques Rouseau

¿Sabéis cuál es el medio más seguro de hacer miserable a vuestro hijo?: acostumbrarle a conseguirlo todo, porque como crecen sin cesar sus deseos con las facilidad de satisfacerlos, tarde o temprano os precisará la impotencia, mal que os pese, a venir a una negativa; y no estando acostumbrado, esta le causará más sufrimiento que la privación de lo mismo que desea.

Primero querrá el bastón que lleváis, luego pedirá vuestro reloj, después el pájaro que vuela, la estrella que ve brillar; en fin, todo cuanto vea; y a menos de ser Dios, ¿cómo le habéis de contentar?

El hombre tiene una predisposición natural a mirar como suyo cuanto está en su poder. El niño, a quien basta con querer para alcanzar, se cree árbitro del universo, mira como esclavos suyos a todos los hombres, y cuando al fin se ven en la precisión de negarle algo, él, que cree que todo es posible cuando da órdenes, contempla esta negativa como un acto de rebelión.

sábado, 16 de octubre de 2010

LA MUJER DE HOJALATA

Fotografía: Marisa Vegas

El silencio de la noche no calla, ahuyenta con aullidos a los lobos.

El calor de las tinieblas de agosto la llevó al lado de esas frías piedras, que la miraban con ojos de siglos pasados. La furia del tornado la había extraviado en la orfandad de las calles pero sus pasos no se apartaban de las baldosas amarillas que conducían a Oz. Mujer de hojalata en busca de los latidos de un corazón.

Pisar las propias huellas es errar el camino, el eco del viento se lo recordó. Y una brisa cobre meció las hojas de los árboles apostados como centinelas en la orilla de la calzada. De la caricia del viento brotó una hoja ocre que lentamente caía de la copa del árbol más altivo, bailando un tango sensual con la noche. Fue el anuncio de un próximo otoño de ausencias.

Avanzó por el empedrado oyendo el eco de sus pasos, música muda de la soledad. Vislumbró a lo lejos del camino de baldosas amarillas, una estrecha callejuela de la que salían espesas notas de una guitarra cincelada a semejanza de cuerpo de mujer. Y se identificó con el vacío circular del instrumento, quizás también la guitarra buscase un corazón en Oz. Los pájaros negros de la noche entornaron sus ojos al verla acercarse al callejón.


Fotografía: Marisa Vegas

Oz estaba cerca, su música y su olor a caramelo espesaban el aire de la noche. Las manos de una hiedra trepaban por el arco ovalado del comienzo del pasadizo, zarpas de la bruja del Este queriendo devorar el corazón invisible de la mujer de hojalata.

Los acordes de la guitarra cayeron a un pozo. El crujido de las notas se lo comió el silencio. Y se adentró en el callejón que se estrechaba cada vez más a medida que avanzaba entre los faroles de luz. La lluvia del recuerdo sopló queriendo apagar el fuego de los candiles. Tuvo que explicarle a la memoria que sólo quería recuperar su corazón.

La esperanza soltó una risa amarilla, espejo de las baldosas, y el pasadizo se convirtió en dos líneas convergentes cuyo espacio entre ellas ya no le permitía pasar. El camino había confluido en un mismo punto y final. Su sombra de hembra de luna le susurró que había llegado a Oz. Y el crespón de sus ojos sólo encontró un muro imposible de traspasar, de gélidas piedras ocres que lo finito lamía ávido de sal.

Y un sollozo de mujer rasgó las lágrimas de la noche fecundando el pensil del otoño. Y mientras regresaba entre los surcos del tiempo, la mujer de hojalata creyó oír palpitar en su interior la savia de hojas de olmo traspasadas por flechas de amor. Y oyó latir un corazón.

sábado, 9 de octubre de 2010

LA COLUMNA DE NEFERTITI



Latidos del corazón
acompañan a pasos trémulos,
entrando en el Palacio
tras recorrer el paseo de los sueños.
Dos almas arden sin conocer su calidez,
derriten el hielo de las frías piedras que
los observan desde la mirada curiosa de lo secreto.

Te pareces a Nefertiti.

El eco del camino blanco,
juntos serpenteado,
se detiene, perezoso del adiós,
en la columna izquierda de la entrada,
y el tiempo se embalsama
con la fragancia de los deseos prohibidos.
Nada tiene vida a su alrededor, sólo ellos y lo que late.

Te pareces a Nefertiti.

La cabeza de ella
apoyada en la columna, la de él
en esa ignota región que palpita entre la niebla.
Y la mira con anhelos de silencios rotos,
y encuentra la pasión de unos ojos rasgados,
que mudos gritan,
que a gritos silencian alfabetos mudos.

Te pareces a Nefertiti.

El Palacio se transforma
en el vasto desierto de Egipto,
la columna, en su oasis.
Jeroglíficos de ojos que acarician
sin rozar la piel,
tallados en el ayer detenido en esa columna
que espera ávida el susurrar del hoy:

Te pareces a Nefertiti.

viernes, 1 de octubre de 2010

MEMORIAS DE ADRIANO. Marguerite Yourcenar

Esta novela, publicada en 1951, de la escritora belga Marguerite Yourcenar, describe la propia mirada de la autora sobre la vida y muerte del emperador romano Adriano. Para los amantes del cine, estaba prevista la próxima producción de una película de la novela en este mismo año, que será dirigida por John Boorman y en la que Antonio Banderas dará vida a este emperador (si me permiten la sugerencia, lean el libro antes de verla). Adriano es un soldado que siente, un emperador que sufre, un romano que adora lo griego, un marido que no ama a su mujer, un amante que pierde a su amado.

Páginas densas, sólidas y mágicas por las que avanzas y retrocedes, haciendo altos en el camino para deleitarte con la prosa del sentimiento que me transportó, hace ya algunos años, al corazón de ese emperador; corazón ocupado por la ardiente pasión que sintió por su joven y bello amante, Antínoo, una muestra más de su amor a la cultura y mundo griego. Una fuente (Backe, Annika) nos cuenta que Antínoo falleció en una travesía a través del Nilo, cayéndose por accidente al río y ahogándose ante la mirada desolada de Adriano. A raíz de esto, el emperador quedó profundamente deprimido por perder a un amor al que tanto adoraba, que mandó construir, para honrar la memoria del hermoso joven, la ciudad de Antinópolis y le deificó, un honor que no tenía precedente entre las dinastía que habían regido el Imperio. Otras fuentes, no son tan románticas a la hora de explicar la muerte de este hermoso griego, prefiero quedarme con la que cito.



Y volviendo a nuestro mundo desde la mirada en aquél…¿Qué ocurre cuando el simple juego de la carne se convierte en una invasión de la carne por el espíritu? ¿Qué ocurre cuando el corazón se quita la máscara veneciana y se confunde con la misma piel? Adriano nos lo cuenta:


Habíase despertado en mí la curiosidad por esas regiones intermedias donde el alma y la carne se confunden, donde el sueño responde a la realidad y a veces se le adelanta, donde vida y muerte intercambian sus tributos y sus máscaras. (…)


En el caso de la mayoría de los seres, los contactos más ligeros y superficiales bastan para contentar nuestro deseo, y aun para hartarlo. Si insisten, multiplicándose en torno de una criatura única hasta envolverla por entero; si cada parcela de un cuerpo se llena para nosotros de tantas significaciones trastornadoras como los rasgos de un rostro; si un solo ser, en vez de inspirarnos irritación, placer o hastío, nos hostiga como una música y nos atormenta como un problema; si pasa de la periferia de nuestro universo a su centro, llegando a sernos más indispensable que nuestro propio ser, entonces tiene lugar el asombroso prodigio en el que veo, más que un simple juego de la carne, una invasión de la carne por el espíritu.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

DONDE NADA MALO TE PUEDE OCURRIR


Fotografía: Tiffany’s - Manuel Mª Torres Rojas - http://manuelmariatorresrojas.blogspot.com


Al niño Manuel, que siempre fue Guillermo


Tiffany’s , el mejor lugar del mundo, donde nada malo te puede ocurrir.

Asomó sus cándidos ojos a la cristalera del escaparate. La joyería aún no había abierto sus puertas a esas horas de la mañana; algunos rayos de sol aún dormían perezosos tras los edificios que acariciaban su esbelta espalda coronada por ese collar que parecía trazar la línea de caricias sobre los tirantes de su vestido.

Pensó que no desayunaría con diamantes, ni esa mañana ni ninguna otra. Lo había decidido la tarde anterior, cuando unas manos temblorosas habían introducido en su dedo anular un círculo dorado adornado de principio a fin de pulidos diamantes que sólo le hablaban de reflejos irisados. Y ella siempre había preferido los destellos de la luna poseyendo el mar…

Miró el brillo cegador del anillo en sus manos, que era un espejo del centelleo de los ojos de quien la obsequiaba a cambio de su libertad de estrella nómada. Y sintió nostalgia de abandonar ese cielo impregnado de aroma a tierra húmeda. En un acto de valentía, se despojó de la sortija, del eslabón de la cadena, y el enlace de grilletes recuperó el vuelo libre del viento. Depositó el anillo en la palma de la mano de quien se lo ofreció, junto a una negativa que se caramelizaba con el brillo de sus labios. Le pareció ver junto al aro el resplandor de una lágrima que se confundía con la pátina de los diamantes. O quizá fuera una falacia de la luz.

Se despidió con el adiós infinito que sabía que sigue al desdén. Y vagó la noche entera como satélite errante de su propio yo. Por eso esa mañana se encontraba allí, donde nada malo te puede ocurrir, frente a Tiffany’s. Quería verlo por última vez, para convencerse de que los atajos del corazón no acaban siendo más que remiendos que tarde o temprano se acaban por descoser. Y lo vio. Una rubia dependienta, de curvas sinuosas e insinuantes, depositó el anillo de diamantes en el escaparate, devuelto, con toda probabilidad, la tarde anterior con los ojos ruborizados del hombre que ve pisoteado su privilegio de Adán; lo prendió de un dedo anular inerte, al que no le importaba ni el reflejo de la luna, ni las estrellas nómadas. Sin lugar a dudas, ese era el sitio perfecto para la joya.



Ella examinó el anillo tras las cristaleras mientras mordisqueaba el croissant que había decidido como desayuno para esa mañana, con la calma que da ver alejarse una tormenta que ha desviado su rumbo. Tras los cristales oscuros de sus gafas de sol, todo adquiría una seducción que se difuminaba con los colores rebeldes del amanecer.

Cuando había decidido irse a descansar, observó que un hombre joven, con sombrero ladeado, entraba en la joyería haciendo un traspié fruto de esa euforia que se instala en el lado izquierdo del pecho. Entró en Tiffany’s y tras breves palabras con la eterna sonrisa de la dependienta, ésta alargo su brazo hasta el anillo que reposaba en la mano inerte del escaparate, y se lo ofreció como solución inequívoca a los interrogantes del joven.

Justo en ese instante, ella, la que hacía unas horas había acariciado esos mismos diamantes y su alto precio ajeno a los ceros, sonrió tras sus cristales oscuros. Pegó el último bocado a su croissant y le pareció que esa mañana la luz del sol tenía una claridad distinta, tanto o más que aquellas piedras. Volvió a sonreír y sus pasos se encaminaron hacia la espontaneidad del camino, enfundada en unas ligeras medias negras que, sin saberlo, eran seguidas por unos ojos anónimos de deseo que serpenteaban al ritmo de sus curvas.

Se prometió volver a Tiffany’s la mañana siguiente. El desayuno estaría servido.

viernes, 17 de septiembre de 2010

LABERINTO SIN MINOTAURO

En el laberinto del Minotauro sólo existe una única puerta de entrada y salida, la misma que abren tus pasos, la misma que cierran tus recuerdos.

Caminarás en penumbra de antorchas por húmedos pasadizos que gimotean lágrimas de azufre. Los latidos de tu corazón acompasarán al ruido de tus pasos rasgando la niebla azul. No necesitarás de tus ojos, la memoria encenderá suficientes teas como para iluminar tu ignoto camino.

Serpentearás por galerías, tan profundas como el alma, tan misteriosas como los velos de la noche. En el silencio del laberinto sólo viajarás con el eco de tu pasado. Llegarás a estrechos pasajes que te resultarán desconocidos pero el tiempo te susurrará al oído que hay huellas recientes en el suelo con tu mismo nombre.

Sabrás que has llegado al centro cuando sientas los rugidos del Minotauro arañando tu piel, devorando tus oídos. No despistes tu espíritu ni un solo instante, los ojos carnívoros del fauno se encenderán acechantes tras tu espalda. Es cuando deberás hacerle frente y vencer al monstruo sin temor, el mayor monstruo es el miedo. Asegúrate de haberle vencido antes de regresar a la salida, un animal herido es el peor enemigo. Incinera sus restos en el fuego purificador del olvido y arroja sus plateadas cenizas donde el viento no las pueda encontrar nunca más.

Inicia entonces tu viaje de regreso y de salida triunfante en honor a Teseo, pero ¡pobre de ti si has olvidado atar el hilo de Ariadna en la puerta de entrada para que guie tus pasos de vuelta! Estarás condenado a vagar eternamente por el laberinto de lo que no tiene fin, y los inviernos del tiempo acabarán metamorfoseándote de Teseo a Minotauro. Y es cuando otro vendrá a por ti como tú fuiste a por él, buscando vencer a aquél que fue vencido al obtener la victoria.

domingo, 5 de septiembre de 2010

PANORÁMICA DESDE MI MESA DE SEPTIEMBRE

Llegó el día esperado como llega la borrasca al otoño.

Exámenes de septiembre, esa nube negra que acecha encima todo el verano. Entro en el aula y observo mi mesa de profesora por la que no ha pasado ni julio ni agosto, ella tiene la fórmula de la eterna juventud. Me siento y rememoro el fotograma de dos meses atrás cuando las vacaciones eran esa brisa que iba a dorar mi piel.

Los recuerdos se esfuman entre el olor a tiza seca cuando los veo a Ellos acercarse tímidamente a la puerta del aula. Van entrando lentamente, como gotas languideciendo de una fuente que no quiere callar. Temen sus pasos. No les asusta el examen tanto como el saber que traspasar el dintel de la puerta del aula significa cerrar la libertad de las vacaciones con la llave que se tira al mar. Arrastran sus pies como si llevaran cadenas con bolas de presidiario: sienten que entran en el calabozo de la preparación para ser adultos. Y a ellos no les gustan las personas mayores desde que hablaron en silencio con El Principito. Quizá yo fui responsable de ello.

Los saludos son breves, quiero ahorrarles la tristeza de rememorar su libertad de gorriones de verano. Ya habrá tiempo para ello. Reparto los exámenes que, por la expresión de sus caras, siento que son pesadas losas blancas que caen sobre sus mesas, sobre su espacio de 60x40 con el que tendrán que convivir otros nueve meses. Nueve duros meses de embarazo cultural en los que permanecerán flotando en la placenta de libros que les hablarán de mundos desconocidos, con ecuaciones donde la equis dejará de ser un aspa, con países que jamás llegarán a conocer, con fórmulas químicas con las que siempre convivieron o con poemas que traducirán su tumultuoso mundo interior de adolescentes. Por la expresión de sus caras, siento y presiento que ya están deseando el próximo parto para junio.

Comienzan a leer el examen en silencio, esas preguntas que han sido cábalas veraniegas, apuestas de combinaciones de loterías cuya base la han tomado teniendo en cuenta lo que ellos creen que son mis gustos literarios. Esperan haber acertado en sus pronósticos. Los observo y sus rostros se convierten en poemas tristes, de euforia, de esperanza, melancólicos, de desdén, de alegría. Me temo que los de la fila de atrás tardarán cinco minutos de cortesía en entregarme la losa blanca sin tallar. Y, lamentablemente, no me equivoco.


El resto se agazapa sobre sus exámenes para escribir su verano de gesta de libros. Algunos prefieren tomarse antes su tiempo para recordar con nostalgia sus primeros escarceos con las largas noches de verano. Bolígrafos de colores danzan sobre sus folios el baile maldito de septiembre, ese mes que aniquila su libertad de niños adolescentes columpiándose en el eco de la felicidad.

Los observo atentamente, no por las clandestinas chuletas que ni se atreven a preparar, la experiencia les aconseja otros atajos, sino por estar presta a cualquier duda o solicitud: eso les tranquiliza y les da seguridad para correr la maratón hacia el aprobado. A ratos, sus ojos miran hacia arriba, hacia el infinito, como entonando un cántico de súplica a los dioses de la lluvia de ideas para que les iluminen esa pregunta que vagó allá por el mes de abril, el mes más cruel, pero sólo recuerdan el aroma de aquella primavera de flores recién brotadas.

Aquellos que escriben más, sacan la lengua hacia un lado: se relamen al saborear ya un muy probable aprobado que les embarque en el crucero del curso siguiente, gruta misteriosa en la que penetrarán a oscuras y acabarán encendiendo antorchas que no se apagarán en el resto de sus días.

Algunos me miran de soslayo con la esperanza de ver escrito en mi rostro el recuerdo de largas explicaciones tan pertinentes para sus folios ávidos de palabras. Les respondo con una sonrisa de aliento que despierta su instinto lingüístico, aletargado por el bochorno estival donde los únicos alfabetos eran los juegos de libertad.

El último en entregarme el examen mira con sorna mi bolígrafo rojo, policía guardián de mi mesa. Sabe con seguridad que no se derrochará en su examen. Por la tarde, en mi casa, me alegro de darle la razón.

Bajo las persianas, los ojos del aula necesitan dormir, ha sido un día duro. Me dispongo a irme con mis exámenes bajo el brazo y desde la puerta, miro a mi mesa de septiembre que despliega su calendario y me mira burlonamente enseñándome el nombre de todos los meses del año hasta junio.
Y me siento como uno más de ellos… no por volver, sino por no haber ido… Pero, para eso está la Literatura…

domingo, 29 de agosto de 2010

DIÁLOGOS DE LUNA LLENA DE AGOSTO

El martes tuvimos una espectacular luna llena. Esquiva pero desafiante en belleza, como todo lo que es mágico. Conseguí intercambiar alfabetos con ella, aprovechando su coquetería al querer reflejarse en este Espejo. Me contó alguna confidencia, y como único testigo, mi cámara perpleja de manos ávidas por querer acariciarle hasta el alma…

La luna de las noches no es la luna
que vio el primer Adán. Los largos siglos
de la vigilia humana la han colmado
de antiguo llanto. Mírala. Es tu espejo
.
Jorge Luis Borges .- La Luna



GUARDIANES DE LA NOCHE
Las chimeneas de los tejados doblegan su altivez cuando se van apagando los candiles del día y me ven aparecer. Fieles soldados guardianes del techo de la ciudad, erguidos en fila para conmemorar en desfile solemne mi lento pase de diosa de la noche. Chimeneas silenciosas de agosto dormidas en el bochorno del verano ¡despertad de vuestro sueño cuando mi sombra argéntea acaricie vuestros tejados!



ALFOMBRA ROJA SOBRE LOS CAMPOS
El cielo comienza a extender su alfombra roja de soles apagados para que mis fríos pies toquen la calidez de fuegos extinguidos por las horas. ¡Disfruto del poder del cénit del atardecer! Contemplo los campos que comienzan a cerrar sus ojos, y los pinto de plata, dibujando un paisaje a mi antojo desde los hilos de marioneta de mi mirada. No sólo soy diosa, sino amante de la seducción.






CORTEJO DE NEÓN AZUL
La noche enciende su luz de neón azul. La fiesta de la penumbra va a comenzar. Mira como se engalanan las nubes para venir a recibirme, trajes de etiqueta de crepúsculos trasnochados. Cortejo de máscaras en salón veneciano. Entregaré mi cuerpo de nácar al mejor amante de luz y sombra que venere mi polisón de nardos.



POSESIÓN DE TINIEBLAS
El cielo baja la luz mientras el erotismo asciende por mis níveos muslos. Soy poseída por nimbos etéreos que se reclinan sobre mí como mariposas negras ávidas de lirios blancos. La cortina negra de la noche despliega sedas vírgenes para guardar celosa la intimidad de los que aman en el silencio de la oscuridad. ¡Las tinieblas tienen celos de nuestros besos!




MANO DE CARICIAS DE PLENILUNIO
Y reposo mi cabeza sobre el amante satisfecho de posesión de plenilunio. Una mano oscura mece y abraza mi deleite de concubina que camina al ritmo de las mareas. Las sombras de sus dedos juegan con las pompas de luz de mi mirada. Respiración acelerada en la noche de ojos abiertos.





CORONA DE SUEÑOS
Mi amante se ha ido dejándome ceñida la corona de doradas huellas de diosa para que vosotros, los humanos, no olvidéis la soberanía de mi aureola. Contemplad como el cielo entero se rinde en amoroso homenaje a mi cuerpo, como las nubes engalanan esa tiara de flores negras que brotan en el pensil de los sueños.





INSOMNIOS
Y me despojo lentamente de mi corona de rasos para volver a ser princesa y niña de tus desvelos. Insomnios de anhelos son mis pasos navegando en el crucero de la noche. La tormenta de pasiones va amainando mientras peino con mi luz tus ojos brillantes de cristal de avellana.






CUALQUIER NOCHE SALDRÁ EL SOL
No soy ese sol que ambicionas para que alivie tus penas de noches de luna llena. Tendrás que esperarle con la paciencia del reloj de arena. Ahora la palidez de mi luz se ha ido a posar en tu rostro nacarado, en el mío están ardiendo tus pesares ¡Niña, deja ya de trenzar las brumas y el azabache!








OJOS DE LUNA
Soy la pupila nívea de ese ojo sagrado que te mira pero no te ve. Contemplo el baile de caracolas de tus ojos: no son como los míos. Veo en ellos surcos de ríos de diamantes que brillan al reflejarse en mi pupila. No, yo no tengo lágrimas, se las presté a las estrellas para que cumplieran todos tus sueños fugaces y secaran tu llanto.






LOBOS
Oigo aullidos de lobos sobre la muralla de la madrugada. Prepara tu barbacana, princesa, y huye al castillo de la inaccesible montaña. Llena sus fosos con tu llanto de amapola para que garras licántropas no puedan alcanzarte. Luego suspira en la ventana de una de esas almenas, quiero asegurarme de que siguen latiendo tus labios de caramelo.





NANA DE LA LUNA
Velaré tus sueños con cabeza altiva, cubriré tu piel de plata. La ciudad duerme la noche entre los tules de mis velos. La arrullo con mi nana:

“Soy farol sin farolero, sol sin día, perla sin concha, novia de blanco sin enamorado. Duérmete, mi niña, que los sueños que no se duermen jamás podrán ser soñados”.

Fotografias: Marisa Vegas.







lunes, 23 de agosto de 2010

EL AZUL YA NO QUIERE PINTAR EL MAR

Fotografía: www.flickr.com


Yo tenía entonces
clavadas las pupilas
en el azul; y en mis ardientes manos
se posó mi cabeza pensativa...

Rubén Darío.- “Autumnal”. Azul


El azul ya no quiere pintar el mar
ni el cielo,
sólo cubrir de azufre los valles de la piel inerte.

Azul es la antesala de la noche
de ojos agazapados sobre la presa de cristal,
azul es el vacío
por el que se desangra el alma
esperando el cáliz que recoja su reposo.

No son azules los ojos que miran
sino los que esperan,
mutilados de piernas para crecer
y de corazón para respirar.

Azul desertor de arcos iris
que vaga en la soledad de silencios de aristas
que duelen
que gimen
que callan.

El azul ya no quiere pintar el mar
ni el cielo,
sólo navegar en el surco de lluvia de lágrimas
que fertiliza mejillas áridas de estériles agostos
de ausencias
de presencias deshabitadas
de azules callados en horizontes gélidos.




jueves, 19 de agosto de 2010

Trópico de Cáncer. Henry Miller


Este libro del estadounidense Henry Miller publicado en 1931, de tono crudo y sensual, le acarreó no pocos problemas. Quiso denunciar en el seno de una América puritana la hipocresía moral de su sociedad. Se le abrió un proceso judicial por obscenidad según las leyes vigentes en esa época contra la pornografía. Esta novela estuvo censurada en su país hasta la década de 1960.

Este escritor gritó con voz alta y firme lo que es molesto escuchar, lo que políticamente es más que incorrecto. No fue muy amable con la figura de la mujer, en ocasiones, pero defendió la sinceridad en detrimento de una hipocresía que las convenciones sociales imponían para ser aceptado en su seno. ¿Ser sincero o hipócrita? ¿decir lo que se piensa o lo que quieren oír? ¿expresión o represión?



Si algún hombre se atreviera alguna vez a expresar todo lo que lleva en el corazón, a consignar lo que es realmente la experiencia, lo que es verdaderamente su verdad, creo que entonces el mundo se haría añicos, que volaría en pedazos, y ningún Dios, ningún accidente, ninguna voluntad podría volver a juntar los trozos, los átomos, los elementos indestructibles que han intervenido en la construcción del mundo.

domingo, 15 de agosto de 2010

Mil pedazos. Cristina y los Subterráneos


Inauguro una nueva etiqueta en el blog "Música hecha poesía". Existen letras de temas musicales que son verdaderos poemas con melodías que nos acompañaron y no nos pueden dejar. Como éste de Cristina y los Subterráneos, grupo ochentero que traspasó nuestras fronteras con este tema que aún sigue sonando como toda la música de los años 80 que ha vuelto a invadir emisoras de radio, pub, discotecas y mercado musical.

La letra de esta canción (también su melodía) está muy cercana a la lírica. ¿Qué se puede hacer con un corazón roto en mil pedazos?

MIL PEDAZOS
Cristina y los Subterráneos


Cuatrocientos golpes contra la pared
han sido bastantes para aprender
a encajar con gracia y caer de pie,
esconderlo dentro y llorar después.
Por eso cuando dijo que no me quería
apreté los dientes dije que me iría.

Mil pedazos
de mi corazón
volaron por toda la habitación.

Se quedaros todos rotos por el suelo,
uno fue a clavarse en su chaqueta de cuero,
los cogí deprisa y me los guardé
por si hacían falta para otra vez.
En medio de mi pecho quedó un agujero
porque no se viera puse mi sombrero.

Mil pedazos
de mi corazón
volaron por toda la habitación.
Dejé sólo un trocito dentro de su bota
para que le duela si se va con otra.

Mil pedazos
de mi corazón
volaron por toda la habitación,
por toda la habitación
por toda la habitación.












miércoles, 11 de agosto de 2010

"AQUEL" LIBRO

(A mi amiga Gracia)

La tarde se cubrió de sombras negras invitando a la tormenta a un banquete celestial de relámpagos artificiales y lluvia bacanal. Grace decidió que no era noche para salidas furtivas. Acomodada en su sillón prefirió observar el temporal desde la seguridad del caracol refugiado en su concha. Las tormentas inquietaban su espíritu desde “aquel” día. El porqué lo conocía bien aunque había preferido olvidarlo con la luz de los amaneceres que gotean en la memoria.

Descorchó una botella de cava sin que la ocasión lo mereciese, pretendía infundir en su alma una valentía que siempre desaparecía en las noches de vendaval. Las burbujas de su segunda copa le recordaron “aquel” cristal empañado de la habitación de su adolescencia, y rápidamente apartó su vista de la copa en un intento de huir de recuerdos imborrables del pasado. No hizo más que empeorar la situación, porque sus ojos se posaron en el cristal de la ventana del salón, empapado por decenas de gotas del aguacero que dibujaban caprichosamente figuras de un cuadro en blanco y negro que resucitaban “aquella” noche de hacía tantos años atrás, y la memoria de “aquel” libro.

Y lo volvió a recordar cómo cada noche de temporal en un ritual obligatorio que le imponía su memoria.

. . .

Habían transcurrido veinticinco años desde el día que decidió abandonar el caserón paterno de dos plantas, amplio para alojar a una familia de siete miembros, cuatro de los cuales eran sus hermanos. Era la menor de todos ellos y a la que se le vetaba por prudencia a la infancia, la entrada a las habitaciones de los hermanos mayores que tantos secretos guardaban para ella. Pero con el devenir de los años y los acontecimientos, todos habían salido del nido paterno y ahora ella era la única hija que aún permanecía en el caserón. Esas habitaciones ahora desocupadas se habían convertido para ella en una selva por explorar. La incursión tendría lugar de noche, cuando sus padres estuvieran ya acostados y no pudieran interrumpir su ritual de exploración.

Una noche de vendaval tormentoso decidió descifrar el criptograma que escondía la habitación de su hermano mayor, al que siempre veía entrar y salir acompañado de libros que aferraba misteriosamente bajo el brazo como ave que esconde bajo su plumón alfabetos misteriosos. Entró sigilosamente en la dependencia, iluminada en un primer instante por el fulgor de los relámpagos y posteriormente por una lamparilla de noche que fiel al tiempo dormitaba encima de la mesilla.
Descubrió una magnífica biblioteca de abecedarios de Babel que atesoraban tantos sueños y vidas soñadas desconocidas para ella. No era una niña, pero sintió el mismo goce del infante al acercar sus manos a las estanterías en un juego por poseer el tesoro codiciado que le hablaba de tantas cosas desconocidas para ella. Alcanzar y hojear esos libros era poder llegar a esa tierna etapa donde los logros se cubren de tesoros de victorias.

Un titánico trueno hizo temblar la casa; hasta la lámpara de la mesilla que iluminaba su ansia de conocimiento parpadeó como si le avisara de la llegada del abismo desconocido. Y ese temblor hizo que un pequeño libro de la balda superior cayese ante sus pies, envuelto en una leve nube de polvo repleta de horas de años. Recogió el libro intentando aliviarle de la caída y sus ojos iluminaron la tapa de éste. Deletreó el nombre del autor: H.P.Lovecraft. No conocía a este escritor asique se aventuró a desnudar una de las páginas de “aquel” libro datado en 1917…

. . .


Grace sorbió su tercera copa de cava y decidió plantar batalla definitiva a “aquel” miedo tatuado en los poros de su piel desde hacía veinticinco años. “Aquel” libro lo conservaba aún, ahora en su nueva casa. Había sido un polizón con el que se había encontrado al desembalar sus cosas el día de la mudanza sin comprender cómo había ido a parar allí. Se acercó a la estantería de sus pacientes libros, y lo deshojó justo en el párrafo que leyó “aquella” noche en el caserón familiar:


¿Qué sabemos nosotros del mundo y del universo que nos rodea? Nuestros medios de percepción son absurdamente escasos, y nuestra noción de los objetos que nos rodean infinitamente estrecha. Vemos las cosas sólo según la estructura de los órganos con que las percibimos, y no podemos formarnos una idea de su naturaleza absoluta. Pretendemos abarcar el cosmos complejo e ilimitado con cinco débiles sentidos, cuando otros seres dotados de una gama de sentidos más amplia y vigorosa, o simplemente diferente, podrían no sólo ver de manera muy distinta las cosas que nosotros vemos, sino que podrían percibir y estudiar mundos enteros de materia, de energía y de vida que se encuentran al alcance de la mano, aunque son imperceptibles a nuestros sentidos actuales. Siempre he estado convencido de que estos mundos extraños e inaccesibles están muy cerca de nosotros.

(Del más allá)


. . .

El eco repitió en su memoria la última frase…estos mundos extraños e inaccesibles están muy cerca de nosotros. Y se estremeció como la flor cuando llega el rocío.

. . .


El viejo caserón temblaba con cada sacudida de truenos. Después de leer este párrafo en la habitación que acababa de allanar, un nuevo trueno ensordeció el eco y, esta vez, la descarga eléctrica cerró los ojos definitivamente al único testigo de la escena, a la lamparilla de noche que iluminaba con temor a lo que se agazapa tenebrosamente en la dimensión que los ojos del hombre aún no han conseguido ver. En la penumbra de la oscuridad, Grace sólo podía percibir la luz de los relámpagos que se introducía por el cristal de la ventana y por el que corrían sin cesar lágrimas de lluvia.En el silencio de la noche, sólo roto por los truenos, le pareció oír relinchos de caballos que procedían del exterior, cosa inexplicable porque el viejo caserón se encontraba en pleno centro de la ciudad. Se aproximó a la ventana y a través del empañado cristal vislumbró una escena que le llenó de asombro:


Fotografía: Monika http://www.flickr.com

Caballeros sobre enjaezados corceles negros cabalgaban por los linderos de bosques espesos donde hacia un instante había calles y vehículos. Blandían sus poderosas espadas en un trote infernal. Oyó el sonido de varias fuentes que cantaban nostalgias y que estaban situadas en el centro del espectáculo. Allí acudían a beber seres vestidos de blanco que no caminaban sino que parecían volar a ras del suelo y que, vistos a través de la lluvia del cristal adquirían figuras deformes. De la tierra de ese inesperado bosque brotaban unas flores azules y moradas que se agitaban al ser acariciadas por luces brillantes de colores que suspendidas en el aire revoloteaban en torno a ellas.



Fotografía: http://www.flickr.com

Grace no daba crédito a lo que sus ojos estaban viendo. No podía ser real. Apartó la vista de la ventana y la giró hacia la habitación. Su respiración quedó entrecortada al comprobar que estaba iluminada por una chimenea que hacía unos instantes no existía, como tampoco multitud de enseres antiguos que poblaban una dependencia que se había transformado a años atrás , a excepción de la enorme estantería de libros que hacía unos instantes había curioseado, que permanecía ajena al paso del tiempo. Al lado del fuego, una anciana a la que no veía el rostro se balanceaba en una mecedora clavando su mirada en unas llamas trémulas. A los pies de la mujer, sentada en el suelo, una niña de unos cinco años, con tirabuzones rubios y un gran lazo verde en la cabeza, jugaba con una muñeca de ojos brillantes y azules de cristal. Ninguna de las dos parecía advertir la presencia de Grace a excepción de esa muñeca que, punzaba sus vivos ojos en el epicentro de su horror. Aterrorizada, soltó el libro de Lovecraft que aún conservaba en sus manos, y al caer éste al suelo de madera, “aquello” desapareció.





Grace apuró su copa de cava al recordar lo que rememoraba cada noche de tormenta. Dejó el libro encima del sofá y obligándose a hacerlo, se acercó al cristal de la ventana para convencerse a sí misma que todo fue una pesadilla de su juventud o si no lo fue, debía imponer a su mente el olvido definitivo de aquellas visiones pertenecientes a dimensiones desconocidas. Le alivió ver tras el cristal mojado, el ir y venir de los vehículos por la avenida, con su ruido, con sus luces. La gente con paraguas caminaba deprisa por llegar a esos lugares que ordena la mente.
Pero…le llamó la atención alguien que estaba sentado tranquilamente en un banco, sin paraguas a pesar de la recia lluvia que estaba cayendo. Con la palma de la mano limpió el cristal empañado con movimientos tan circulares como temerosos, para enfocar mejor su retina sobre ese personaje. Pudo vislumbrar a una niña con tirabuzones rubios adornados con un gran lazo verde, y una muñeca que enfocaba su mirada hacia arriba y le clavaba fijamente unos terribles ojos azules. Le pareció que le sonreía.

Sus labios se helaron al pronunciar… estos mundos extraños e inaccesibles están muy cerca de nosotros.




domingo, 1 de agosto de 2010

El Practicón. Ángel Muro.

Hace unos días, la amabilidad y gentileza de mi amigo bloguero Xibeliuss (lo pueden encontrar en sus dos magníficos blogs, “Días en Sanabria” e “Igual te Interesa”) me dio a conocer un libro mítico que ha hecho historia cuyos ejemplares antiguos son un lujo difícil de conseguir. A él le debo prácticamente la totalidad de los textos del libro que expongo y le reitero mi agradecimiento.

El libro en cuestión es de Ángel Muro, el equivalente hoy en día de Simone Ortega o Carlos Arguiñano.

El Practicón ( no olviden el título para conclusiones posteriores…) es un libro de cocina publicado en 1869, que se subtitulaba Tratado completo de cocina al alcance de todos y aprovechamiento de sobras. Se trata de una de las pocas obras sobre cocina española a finales del siglo XIX, contiene numerosos recetarios de la cocina popular de la España de ese tiempo. El autor, Ángel Muro, publicará con posterioridad (en el año 1892) el Diccionario General de cocina.

El libro fue muy popular a comienzos del siglo XX ya que logró tener cerca de 34 ediciones de la obra en el período que va de 1894 a 1928. La obra cayó en desuso a comienzos de la década de los 1930 conociéndolo sólo algunos cocineros, y se volvió a publicar en nuevas re-ediciones a mediados de la década de 1980.

No me interesa el libro sólo por sus recetas de cocina sino por otras cuestiones que, si el lector es paciente podrá ir descubriendo por él mismo. Han pasado 141 años desde su publicación y, respetando el tiempo que nos separa con esa mentalidad, el objetivo de esta entrada es sonreír ante cuestiones superadas o deseablemente superadas. Me he tomado la libertad de resaltar en negrita aquellas frases que considero “jugosas y apetitosas” para paladares exquisitos. Les invito a este suculento ágape. Disfrútenlo…




Escuela de cocina, no sería tampoco el verdadero nombre de la institución, que mejor se adaptare a mi proyecto, porque más que la teoría y la práctica culinarias, había de privar en la enseñanza la multitud de faenas que constituyen en el ama de casa la ocupación más digna y que vale a las mujeres el titulo de hacendosas, que lleva aparejado el de la honradez.

(Las mujeres que tengan contratada una mujer para la limpieza y cocina que se vayan olvidando de ser dignas, hacendosas y honradas… Mal empezamos…)

A todas las niñas se las enseña a leer, a escribir y a contar. Algunas aprenden después en los colegios, además de las labores de su sexo, historia, geografía, aritmética, gramática y caligrafía.

(Habrá que proponer al MEC una Diplomatura sobre “Las labores propias de la mujer”)

Las familias pudientes amplían la enseñanza de estas asignaturas en favor de sus hijas, y la adornan con el piano y canto, el francés y el inglés, el dibujo, el baile, el corte de vestidos, etc. etc. Valiéndose para ello las más de las veces, los muy ricos, de unas señoras que se llaman institutrices, que por lo general son extranjeras, y en su mayor parte demasiado jóvenes, demasiado guapas, e ignorantes de veras, para el cargo que desempeñan.

(Ser extranjera, joven o demasiado guapa es incompatible con ser inteligente…menos mal que no ha especificado si se trata de rubias o morenas…)

La economía doméstica, y la higiene de la casa y de la familia, deben ser para la mujer, y antes que nada, los conocimientos que ha de poseer para ser buena hija, y buena madre de familia.

(Esto me ha gustado…si pasamos la prueba del algodón podemos ser unas petardas integrales pero seguiremos siendo buenas hijas y madres….)

Niñas hay, tiernas y talluditas, que cantan o tocan al piano cosas de Meyerbeery de Wagner, que hablan francés tan bien como Carnot, que visten como reinas y conocen de lejos un traje hecho por los modistos-maricas [sic] Wortz ó Laferriére, y que no son capaces de poner una compresa de árnica sobre un chichón en la cabeza del hermanito, ni hacer una taza de té al papá, ni chocolate a la abuela, ni planchar una corbata, ni hacer la cama, ni limpiar el polvo en las habitaciones de su casa, etc.

(A ver si nos enteramos, nada de saber solfeo, idiomas o estilismo… ¡a preparar el chocolate a la abuela que es lo que suma puntos! Y digo yo… modistos-maricas lo acepta como término del Diccionario la RAE? (quizá sin guión, sí…uhm… ) )

Claro que hay excepciones. Madres de familia, de educación firme y chapada, que enseñan á sus hijas lo que ellas aprendieron en sus casas ,e hijas que aprovechan las lecciones; pero esta fruta es rara , y son muy contados los hombres que al tomar estado tropiezan con la excepción.

(¡Lo que tienen que sufrir los hombres al casarse y encontrarse mayoritariamente con esa fruta tan rara! Yo que ellos no me casaba y contrataba una señora de la limpieza… y que se fastidien las mujeres…vaya…)

La cocina que voy a criticar es la que representa esta primera figura, cuya descripción héla aquí:
Un fogón lleno de platos por fregar, con pucheros a la lumbre y pucheros en lo alto, pucheros y cazuelas por doquier, papeles cortados y pintarrajeados en los vasares, estampas en las paredes, el suelo sin barrer, la escoba a la vista, el cubo de la aguas sucias al paso…

La segunda figura es un apunte de lo que cualquiera entenderá que debe ser una cocina de la clase modesta, con su cocinera y todo. Una muchacha guapa o fea, pero limpia y lista, recogidito su pelo con cofia o pañuelo a la vizcaína o a la rusa, y pisando un pavimento en que puede uno mirarse la cara ...


(Por si no ha quedado clara la cuestión, nos lo ilustra con imágenes. Obsérvese la cirugía estética que ha sufrido en la cintura la “mujer hacendosa” frente a la “mujer desastre”… El marketing ideológico ya existía en el siglo XIX, aunque…no me extraña que esté en forma con todo el ejercicio propio de “las labores de la mujer” que el cocinero pedagogo imponía… Por cierto ¿qué…es el pañuelo a la vizcaína o a la rusa en el pelo??? A mí me suena a bacalao y ensaladilla…)

Las mujeres en España, hoy por hoy, saben de todo lo que no han menester, mucho o poco; pero de aquello que es necesario para la vida honrada, fastuosa o pobre, no saben ni jota .La afirmación resulta brutal, pero así es; y no puede refutarse sino con pruebas, que exhibirá el que tenga ganas de discutir conmigo sobre el particular.

(¿Y pretende que las mujeres cocinen con su libro después del traje que les ha hecho él mismo, el modisto-macho? No obstante, si tienen ganas de discutir sobre el particular con él, ya saben… Si ya decía yo que desde el principio buscaba pelea el cocinero pedagogo…¡ay!)




Y digo yo… ¿y las recetas de cocina eran el fin o el medio? A juicio de ustedes lo dejo. Hoy se me han quitado definitivamente las ganas de cocinar.


lunes, 26 de julio de 2010

EN EL BARCO HUNDIDO NO ROMPEN LAS OLAS


Fotografía: http://www. flickr.com/


Tumbada en la húmeda arena de la orilla del mar sintió el lamido constante de las olas acariciando con frialdad sus pies. Recorrían con caricias de caracolas sus piernas intentando llegar al abrazo de su cintura en un vals impetuoso de bramidos de espuma.

La fuerza del mar rompía en su cuerpo ajustado a cada pliegue de esa arena mojada que la encallaba cada vez más en esa orilla con cada ola que venía a morir al desierto de su piel, sedienta de canciones de sal.

Con el bramido del último oleaje, decidió cerrar los ojos y sintió en su cuerpo la transformación kafkiana de convertirse en un barco de papel a la deriva en la inmensidad del océano. Escaló titánicas olas sintiéndose tan frágil como poderosa. Y es que en las crestas de las olas se divisan islas esmeraldas que el horizonte esconde en su cofre ovalado.

Aprovechando un instante de placidez del mar, su mirada pudo penetrar bajo las aguas diáfanas y sus ojos viajaron a las profundidades, al corazón del océano, robándole los secretos que esconde bajo su piel. Y es que los abismos oceánicos albergan la vida callada de tesoros que duermen el sueño de un despertar.

Divisó Ítaca en la lontananza pero decidió pasar de largo, tejer mantos de Penélopes le produjo la misma tristeza que el camino que recorre la lágrima que huye.

Su espíritu de barco de papel no tenía velas pero el viento le asió la mano y le condujo a la región de los hielos. Sin apenas percibirlo, en un instante se encontró virando entre gélidos icebergs a la deriva. La sola proximidad a estos témpanos la paralizó: entonaban ecos de silencios de ocasos. Su frágil armazón rozó la piel de uno de ellos y, tras el glacial contacto sintió una quemadura mortal. Todo el barco de papel comenzó a empaparse de un naufragio de aguas llameantes. Y se hundió desapareciendo en la frialdad de lo que no late.

Fue entonces cuando decidió abrir los ojos. Seguía tumbada en la orilla como barca varada en un arenal. Los brazos de la marea ya habían hecho un lazo en su cintura y ahora ansiaban acariciar su largo cabello. El sol que antes caía perpendicularmente en sus ojos obligándole a cerrarlos, ahora yacía con reposo en el cénit del océano. Se levantó y pudo observar como la huella de la totalidad de su cuerpo yacía inerte en la arena de la playa. Observó con nostalgia como dejaba allí una parte de sí misma, de los vestigios de su sueño, rastros de cada poro de su piel moldeados en una fina y húmeda arena, indicios de su navegar a la deriva. Pero la última ola de la tarde se posó con altivez sobre la arena borrando en un segundo la huella de su cuerpo, haciendo desaparecer horas lentas del reloj de los sueños. Y la memoria de su cuerpo naufragó como el barco de papel, borrando pistas del pasado soñado, al igual que esa noche el viento de poniente borraría las huellas de sus pies dejadas en la playa mientras se alejaba de allí bajo su pamela azul como el mar.

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